lunes, 23 de julio de 2012

EL ORDEN STALINIANO


Una de las posiciones menos conocidas de la historia del movimiento obrero, en la 2ª República y durante la  "guerra revolucionaria" frente al fascismo, fue el papel de la Comintern (III Internacional). Hoy publicamos este capítulo de la obra del historiador francés  Pierre Brouè en la que relata lo ya mentado.



  El primer nivel de la subida al poder del partido comunista fue alcanzado por la constitución, el 8 de noviembre, al día siguiente de la evacuación del gobierno para Valencia, de la Junta de defensa de Madrid, organismo “delegado” formado de representantes de partidos y de sindicatos, y dominado de hecho por el PCE representado no solamente por licenciados cualidades, sino también por los miembros de la JSU, de la UGT, es decir del PS que le sostenía la derecha.
            La Junta estaba presidida por el general Miaja, viejo imbécil reaccionario dirigido por el PC, y sus dos  “hombres fuertes” eran, el secretario en la consejería de la Guerra, Antonio Mije, del PCE, y el de Orden público, Santiago Carrillo, de las JSU, cuya adhesión al PCE era conocida el mismo día. Esta fue la primera experiencia de los stalinianos en el poder en España.
            Comentando el programa de  “República democrática” y el comportamiento de los estalinianos en el aparato de Estado restaurado, García Pradas propone este resumen contundente:
            “Me parece que la fórmula de Stalin era la siguiente:  República democrática gobernada en nombre del Frente popular por el partido comunista, bajo el control del GPU”.

¿El PC en el poder?

            La definición dada por el militante anarquista puede, ciertamente, parecer excesivamente polémica, pero es imposible rechazarla sin examen. El poder del PC en el aparato de Estado, el del GPU (propiamente NKVD) en relación al PC, no son negables y es la política- y hasta el vocabulario- del PC que pasa a través de los otros partidos del Frente popular.
            En su informe ya citado del 21 de junio de 1937, el teniente coronel Morel había descrito a su manera la misma situación que García Pradas:
            “Todo concuerda para hacer pensar que se encamina hacia una dictadura política y militar de los dirigentes del partido, en adelante sin tropas, son los inspiradores...”
            Haciendo alusión a los elementos  “moderados” refugiados en los rangos o bajo la bandera del PCE, añade:
            “Por odio al desorden, los moderados se unen a los comunistas que representan el orden, sin reflexionar en la naturaleza d dicho orden y en el precio final de dicha adhesión”.
            Después de varios meses, el agregado militar francés veía acumularse en la cumbre del ejército, del gobierno, de los partidos del Frente popular, los rencores contra el extranjero y sus hombres que zanjaban todo.
            Es en el mismo sentido en que Luis Araquistain concluye el 1 de enero de 1939 una carta al dirigente socialista americano Norman Thomas:
            “El partido comunista ha sido y continúa siendo un peligro para el Estado republicano de España y, de golpe, para la victoria republicana, ya que, estad seguro, contra un Estado comunista, sin la menor duda, la inmensa mayoría de la España lea se sublevaría, incluso a riesgo de comprometer la República”.


Campaña antitrotskista de Moscú

            A este respecto, uno de los trazos más reveladores y ciertamente negativos ha sido la campaña llevada a partir de Moscú y retransmitida en Barcelona, Madrid, Valencia, contra los  “trotskistas”, a saber en primer jefe Trotsky y los viejos bolcheviques víctimas de los procesos de Moscú, campaña que eclipsó largo tiempo la guerra civil española en la prensa soviética.
            El punto de partida fue evidentemente el proceso de agosto de 1936 contra Zinoviev y Kamenev, Smirnov y los otros,  “los terroristas trotskistas de la URSS que han asesinado al camarada Kirov”, como proclamaba Mundo obrero antes incluso de la apertura de las sesiones del tribunal.
            El tono era el de Moscú. Muy deprisa, epítetos violentos, injurias, amenazas, llamadas odiosas y aullidos de muerte. La muerte de Kirov se convierte en el “vil asesinato” que  “subleva la indignación”: contra los asesinos, es necesario  “la mano dura” y un artículo especial está destinado a demostrar que se trata ahora de exterminar a los  “traidores del movimiento obrero”.
            PravdaMundo obreroTreballL¡Humanité publican la respuesta injuriosa de moscú a los dirigentes de la II Internacional. Mundo obrero reproduce  el penoso artículo de Krouspskai, la viuda de Lenin, que reclama en el Pravda la sangre de sus compañeros. Irene Falc´n envía de Moscú un artículo sobre la “juventud feliz de la Unión soviética”.
            En el mes de septiembre todavía, este proceso toma ampliamente el paso en los trabajos del Presidio de la IC sobre el asunto español mismo. El 1º de Octubre, Mundo obrero manifiesta su celo tratando a Trotsky de contrarrevolucionario y falsificador de la Historia.
            Las condiciones para la ampliación de la campaña llevan camino de madurar: cuando del presidio, Ercoli, en su informe sobre la lucha contra el trotskismo, ha mencionado al partido español entre los que comprenden la importancia de la lucha contra el trotskismo. Un nuevo campo se abre al  “antitrotskismo”, aunque esté claro que todos los miembros de los partidos comunistas están lejos de estar persuadidos de que los trotskistas son  “asesinos”. Todo está hecho en todo caso para presentarlos y particularmente a Trotsky, como el enemigo nº 1 del género humano y todos los pretextos son buenos para  repetirlo.

Los  “trotskistas” de España

            No hay trotskistas prácticamente en España. Pero hay antiguos militantes de la Izquierda Comunista, en el interior del POUM. Hay también suficientes militantes de tendencia  “izquierdista”, anarquistas o socialistas de izquierda, para ofrecer a los cazadores de cabeza de Moscú la presa que quieren acosar.
            Son los militantes del POUM de Madrid  quienes van a dar al PCE la ocasión esperada de cazar al trotskista. La gran mayoría de ellos son salidos en efecto de la ICE y profesan por el fundador del Ejército rojo una admiración real, incluso si no lo han seguido en la discusión sobre el  “entrismo” en España en el PSOE.
            Ya entre las milicias del POUM, la columna Lenin, de Madrid, que  dirige un oficial de carrera trotskizante, el capitán Santiago Martinez Vicente, se distingue por la audacia del tono de su periódico, El Combatiente rojo, que publica una foto de Trotsky y denuncia violentamente el proceso de Moscú. La dinámica  JCI madrileña aprovecha la primera ocasión de la aparición oficial de Rosenberg para desfilar delante de él  cantando  “¡Viva Trotsky!”.
            Es sin duda dicha manifestación espectacular de la JCI la que decidió al PCE el jugar sin esperar la carta del terror. El 12 de Octubre, Mundo obrero se declara escandalizado de la existencia misma de un grupo y llama a la represión implacable contra sus miembros:
            “Los trotskistas trabajan para el enemigo. Es necesario tratar como enemigos a estos aventureros criminales”.
            En un primer momento, las medidas administrativas llueven: ni armas ni municiones para la columna que está en el frente, en Sigüenza donde es muerto el joven Jesús Blanco, antiguo de la ICE y secretario de la JCI madrileña. El Combatiente rojo, ya  plumeado por la censura, es suspendido. El POUM se propone publicar en Madrid  La Antorcha: la autorización le es rechazada mientras que este título, tradicional en el movimiento obrero, ha aparecido bajo la dirección de varios de sus miembros otra vez. Finalmente, la Junta de defensa, que domina la coalición  PCE-JSU, hace ocupar los locales del POUM, prohibiéndole de hecho cualquier actividad.
            La campaña de difamación se prosigue y se amplifica. El 17 de octubre, Mundo obrero vuelve sobre el proceso de Moscú, consagra una página entera a las  “confesiones”. Un mitin de la JSU en la capital vota una resolución que afirma:
            “Es necesario desenmascarar a los provocadores emboscados que, utilizando el nombre de Lenin, realizan una propaganda perjudicial en las fuerzas del Frente popular”.
            El húngaro Gerö (Pedro), que vigila a los destinados del PSUC y a los asuntos en Cataluña, no está evidentemente en desacuerdo, pero se inquieta, señalando en un informe del 29 de octubre las dificultades sobre el lugar son grandes. Indica en primer lugar que los dirigentes del PSUC han aceptado sentarse en el Consejo de la generalidad con Nin sin referir a nadie y que se está muy conciliador  con respecto al trotskismo en Barcelona. Juzga también muy negativo que el POUM  se haya convertido en una verdadera fuerza por el hecho de su participación importante en los combates armados, y que las gentes del PSUC no hablan del proceso de Moscú. Precisa con un cinismo que no sorprenderá:  “Y este peligro es tanto mayor cuanto las milicias del POUM se batan bien”.
            El 6 de noviembre, N. Majorsky, corresponsal del Pravda, consagra un artículo al PC español, del que anota que los efectivos han pasado de 1000 en 1931 a 20.000 en 1935. Asegura que su papel ha sido esencial para hacer comprender al mundo que se libra en España una guerra nacional al mismo tiempo que una lucha por la paz y contra las fuerzas de la  “agresión fascista”: cuenta ahora con 200. 000 miembros. N. Majorsky prosigue:
            “la época del humanismo soviético ha comenzado, una verdadera civilización socialista lleva camino de realizarse. Su creador, el dirigente del bolchevismo, Stalin, es también el jefe de toda la humanidad avanzada y progresista. El saludo que el camarada Stalin ha dirigido al secretario del partido comunista de España marca su vinculación al trabajo de la paz y de la civilización humana verdadera que lleva el partido comunista español”.

La denuncia para la puesta fuera de la ley
           
            Es poco después en este momento que se constituye la Junta de defensa de Madrid, que debería en principio contar los representantes de todas las organizaciones políticas y sindicales. Pero rechaza admitir al POUM. Al albañil poumista Enríquez Rodríguez, llegado a demandar el apoyo del PSOE contra esta discriminación, el dirigente socialista Manuel Albar responde:
            “El embajador Rosenberg se ha opuesto a que estéis. Es injusto, seguramente, pero le comprendemos: la URSS es potente. Entre privarnos de su apoyo y privarnos el del POUM, no hay elección”.
            Delante de este rechazo y las amenazas que siguen, el POUM rechaza el enfrentamiento y decide retirar a sus militantes de la capital para replegarlos en Barcelona. Es ahí, piensa donde se librará la batalla decisiva: el POUM es un partido de masas, bien implantado en los obreros, representado en el Conejo de la Generalidad, y puede beneficiarse de la protección de la omnipotente CNT.
            Desde este punto de vista, la elección de los Soviéticos nombrando a Antonov- Ovseenko cónsul general en Barcelona aparece juicioso. Viejo revolucionario, conocedor de las cuestiones militares, habiendo jugado un papel innegable en Octubre y durante la guerra civil, puede imponerse a las críticas de izquierda. Además, estará estrechamente supervigilado.
            La realidad del poder soviético en Barcelona, dicho de otra manera del GPU, está, si se cree a Burnett Bolloten, en las manos de Gerö que dirige personalmente el PSUC “con energía, tacto y eficacia”. Asistiendo a las reuniones de la ejecutiva del partido como a los consejos de la embajada, controla y orienta de hecho la actividad de Antonov- Ovseenko y sobre todo la de los  “servicios” soviéticos, velando personalmente para infiltrar a sus hombres en los puestos claves de la policia de la Generalidad.
            Es probablemente con su acción y son sus directivas que el PSUC debe haber logrado su primera gran victoria sobre el poder  “soviético”- el de los “comités gubernamentales”- obteniendo la disolución del Comité central de las milicias antifascistas de Cataluña y la formación de un Consejo  de la generalidad presidido por Tarradellas. Pero el POUM ha tomado el puesto de Justicia con Andreu Nin, situación intolerable para el PSUC y del que no puede salirse solo.
            Ahí debajo, los testimonios concuerdan. Los representantes soviéticos han apretado y con todo su peso sobre el Consejo de la Generalidad, el presidente Companys y las otras formaciones del Frente popular para echar al POUM del Consejo.

La exclusión del POUM

            Es el 18 de noviembre de 1936 cuando La Batalla ha intentado explicar a sus lectores el rechazo de admitir al POUM en la lucha por la defensa de Madrid y que es Stalin quien está detrás de dicha decisión. La URSS afirma, tiene miedo a perder en beneficio de España su hegemonía sobre el movimiento revolucionario. No quiere una revolución que le arrodille y que no pueda controlar. Por todas estas razones y a caus de la  “cuestión trotskista”- sobre la que el periódico del POUM queda discreto-, Stalin, dice, ha decidido exterminar a este partido.
            Enfrente , está la explosión de una indignación fingida o real. El PSUC lo proclama con brillantez: es necesario echar al POUM del Consejo de la Generalidad. Los Soviéticos apoyan: Antonov- Ovseenko va a decirlo a Companys, haciendo el chantaje con  la entrega de armas, y todo Barcelona no habla más que de esto.
            Muy pronto, es verdaderamente sobre la plaza pública que se explica. El 27 de noviembre, Andrade y Gorkin vienen de Madrid donde han ido para intentar cuestionar la posición de la Junta. La Batalla pone los puntos sobre las  i:
            “La oposición ha venido del partido comunista y de las Juventudes socialistas unificadas. Ha venido y viene de más arriba, de la embajada soviética que, con el consulado soviético de Barcelona, inspira la campaña de insultos y de calumnias desencadenadas contra nosotros [...] Es de toda manera intolerable que, bajo el pretexto de la ayuda que se nos da, pretender imponernos normas políticas precisas, emitir los veto, intervenir e incluso dirigir de hecho la política española”.
            Está claro y nítido, la acusación está lanzada. El consulado general replica esta vez con un texto que hace el efecto de una bomba ya que pone el broche más arriba:
            “Una de las maniobras de la prensa vendida al fascismo internacional consiste en la calumnia según la cual serían los representantes acreditados de la Unión soviética los que dirigirían de hecho la política interior  y exterior de la República española[...]. Aquí, entre los órganos de la prensa catalana, se encuentra una hoja que ha emprendido el apoyar  esta campaña fascista. En su número del 27 de noviembre, La Batalla pretende aportar los materiales para las insinuaciones de los fascistas mencionados aquí arriba. El consulado general de Barcelona rechaza con desprecio las lamentables invenciones de dicha hoja”.
            El texto no está firmado por Antonov- Ovseenko, sino por uno de sus colaboradores:  “Por el cónsul general de la URSS en Barcelona, el agregado de prensa, Korobizine”.
            Una vez que su puño ha golpeado la mesa, los instigadores buscan una solución: piensan haberlo  encontrado  relanzando la idea de un  “gobierno sindical” donde cada partido estaría representado por  “su” sindicato, con la excepción del POUM, que no tiene. Nacionalistas catalanes y anarcosindicalistas se hacen rogar un poco, negocian y mercadean sus intereses de botiga. El mal es grande por tanto en la CNT y Andrade, portavoz de la  “izquierda” del POUM, interpela a los dirigentes sindicales:
            “El dilema de la CNT es decidirse por la política actual de colaboración, que es en efecto de la complicidad contrarrevolucionaria, o por la alianza con el POUM marxista revolucionario. La cuestión puesta a la clase obrera, es la creación de un Frente obrero revolucionario que bloquearía los progresos de la contrarrevolución y que pondría la cuestión del poder proletario a través de los comités de obreros, de campesinos y de combatientes”.
            Esta vez, la dirección del  POUM se asusta del riesgo de aislamiento del partido sin la CNT no aprecia el ataque. El comité ejecutivo y el comité central condenan la  “proporción trotskista” del artículo de Andrade, pero no  dan publicidad a su veredicto en este punto. Tienen razón, ya que sería inútil.
            El 14 de diciembre, el Pravda denuncia  “las maniobras de los trotskistas en Cataluña”. El 15, es el Treball, del PSUC, quien acusa al POUM de calumniar a las Brigadas Internacionales. En fin cae la novedad que muestra la nueva relación de fuerzas. Un nuevo Consejo de la Generalidad es formado. Comprende, a título de representantes de los sindicatos, gentes de Ezquerra catalana, el partido de Companys, de la UGT y de la CNT. La UGT es representada por tres dirigentes del PSUC, Valdés, Vidiella y Comorera. La pobre astucia del  “gobierno sindical” mal que bien ha permitido separar al POUM.
            Ezquerra catalana y la CNT cubren dicha ficción malhonesta. Solidaridad Obrera va incluso a asegurar a sus lectores que se trata ahí de un  “gobierno libre de influencias”.
            Muy pronto, el Pravda relanza. Koltsov estigmatiza “la maniobra ignomiosa de los trotskistas que reclaman un gobierno obrero:
            “A lo largo de los últimos acontecimientos de Cataluña, se ha podido ver las provocaciones de los trotskistas, dignos amigos de los que, con la ayuda de la policía de Hitler, han asesinado en la Unión soviética a nuestro camarada Kirov”.
            El mismo día, con la ocasión de un mitin en Valencia, Santiago Carrillo celebra la unión realizada,  “a pesar del trabajo de división de los trotskistas”. Estos últimos son tratados como  “agentes del fascismo”, y se ve la prueba en el hecho de que han combatido la unificación de las Juventudes, la del partido catalán, y que critican a la URSS.
            La Batalla comienza por protestar contra la exclusión del POUM explicando que es debida  “al sectarismo de los jefes del PSUC”. La explicación es tan mediocre que es preciso corregir el tiro, lo que se hace en un comunicado que habla de  “plan elaborado”,  “importado del extranjero”, para  “liquidarlo”.
            Claridad, pasada a manos de los próximos de del Vayo, está ahora del lado del Pravda:
            “La cuestión es puesta a España entera de la acción de un partido [el POUM] que pone por encima de todos los postulados progresistas sus odios irreductibles por los  hombres que ocupan los puestos más elevados en el gobierno de la URSS y uno de los partidos más importantes por sus efectivos y por su influencia en las masas trabajadoras, uno de los que están representados en el gobierno de la República”.
            Mundo obrero titula lo que va a constituir el nuevo refrán:  “Los trotskistas al servicio de Franco. Su lenguaje es el  del fascismo”.
            Una vez más, el Times muestra que sabe donde están los verdaderos amigos de los conservadores y de las clases dirigentes británicas: el POUM, asegura, exagera diciendo que se le quiere  “liquidar” y todavía más cuando menciona el  “retraso puesto por la URSS para ayudar a España”.

Llamada al asesinato

            El segundo proceso de Moscú reviste una significación particular. Es en primer lugar  la  “última advertencia” a los trotskistas. El acusado Radek, del que hemos hablado mucho. Tiene incontestablemente un acuerdo con la acusación y no se molesta en recordarle al procurador. En su última declaración, se dirige a los trotskistas que  “todavía no han depuesto las armas”:
            “Deben comprender que decimos aquí con una emoción profunda la verdad y nada más que la verdad[...]. Debemos decir a los elementos trotskistas de Francia, de España y de otros países que la experiencia de la revolución rusa ha mostrado que el trotskismo, es el saboteador del movimiento obrero. Debemos prevenirlos que pagarán con su cabeza si no se aprovechan de nuestra experiencia”.
            La denuncia por La Batalla del nuevo proceso como una impostura desencadena una nueva aceleración de la campaña de odio. Frente rojo, cotidiano de la tarde del PCE en Valencia, se regocija:
            “La Batalla, órgano de la banda de contrarrevolucionarios y provocadores que dirige el POUM, al fin se ha desvelado. La ocasión de quitarse la máscara ha sido el proceso en Moscú de la segunda banda de terroristas, espías y asesinos trotskistas, cómplices de la Gestapo, dirigido, como el POUM, por Trotsky mismo”.
            La escalada continua. El 7 de enero de 1937, el  Pravda cita a Mundo obrero para exigir que se puesto fin a la actividad de los trotskistas, que presenta como  “dignos aliados de los asesinos de Kirov, auxiliares de Hitler en España”. En un mitin, Santiago Carrillo lanzó un ataque asesino:
            “Cuando los trotskistas atacan al gobierno y las Cortes de la República, realizan la política del fascismo. Esto no puede explicarse más que porque los trotskistas trabajan para los fascistas”.
            Koltsov hunde el clavo para crucificar mejor a sus antiguos camaradas y amalgamar más todavía a Trotsky y a los  “trotskistas españoles”:
            “En todos los lugares donde aparece la mano criminal de Trotsky, siembra mentiras, traición y muerte. Trotsky tiene éxito en encontrar algunos colaboradores. Pero se conoce el tipo de hombres que van con él, criminales, la espuma de la humanidad, dispuestos a las acciones infames y criminales”.
            Revelemos en fi, prueba de la solidez de la información, que el corresponsal del Pravda, que firma N. Oliver, señala que la federación del POUM del Levante critica a los  “trotskistas” de este partido- Madrid y La Batalla- y recuerda que no está de acuerdo con lo que ha sido escrito por el POUM con respecto a los procesos de Moscú.
            Bajo los golpes de los ataques furiosos de la prensa estaliniana, el POUM va camino de radicalizarse. Da a l fin una explicación política clara del papel de blanco principal que le es destinado
            “Felizmente España no es Rusia, pero se intenta poner a España bajo tutela y el control de los rusos, a lo que nos oponemos con el mayor vigor. Es lo que Stalin y su burocracia, en el interior como en el exterior, no nos perdonan. No nos perdonan esgrimir la bandera de Marx y de Lenin que ellos han abandonado y traicionado. No nos perdonan el decir la verdad sobre su política interior y exterior. No nos perdonan el luchar en España por una revolución socialista mientras que ellos intentan encerrarnos en el cuadro de la república democrática y burguesa”
            También el POUM intenta convencer a los dirigentes de la CNT de entrar en lucha por un gobierno obrero. Las Juventudes libertarias de Cataluña aceptan formar con la JCI un Frente revolucionario, que comienza a reunir al mundo en sus mítines alrededor de oradores tales como el anarquista Alfredo Martinez y el poumista Wilebaldo Solano.
            La propaganda estaliniana continúa  para machacar, no retrocede nada, como Frente rojo que titula:  “70.000 campesinos en Jaén contra los asesinos trotskistas”.
            En la conferencia internacional de Ivry del 21 de abril de 1937, Jacques Duclos, por quien pasan los giros políticos y sobre todo las directivas, constata el progreso realizado:  “Los trotskistas toman figura de agentes fascistas”.

¿En España como en la URSS?

            Los dirigentes del POUM piensan y escriben- con alguna novedad, venimos de verlo- que  “España no es Rusia”. Pero la campaña encarnizada de las gentes de Stalin no es, en último análisis, un asunto únicamente español, y la alternancia de los ataques lo muestra tanto como su carácter de preparación política y psicológica al asesinato, en España como en la URSS.
            Al día siguiente de las jornadas de Mayo, después de la eliminación del gobierno de los socialistas partidarios de Largo Caballero y de la CNT, la vía parece libre en España para los  “procesos de Moscú”.

Pierre Brouè, Stalin et la revolution. Fayard, Paris 1993. Cap. 9

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